Con pasos simpáticos, retorcidos y entrecortados se va configurando el camino. Aquél que me lleve hasta el extremo de la débil mortalidad.
Nacer en frágil consistencia, para luego hacer vibrar el universo con el poderoso pulmón que aprende a desplegarse en el nebuloso mundo lumínico, peleando con ahínco la batalla del nacimiento del ser. Batalla visceral que comenzará a destilarse en la sinestésica combinación humana de la idea.
Y es así como el mundo se disfraza a la guisa de la mente revestida en parte, de resonancias del entonrno paterno, en cánticos agonizantes y gozosos, frágiles y tiernos, amorosos y odiosos, sanos y enfermos. Niños-fantasmas que pugnan por jugar con nuestros ojos y corazón, cuando se pierde el rumbo de la personalísima personalidad. ¡Estamos asustados, casi no nos reconocen! -claman temblando, es que viene siendo hora de que sean aceptados -les responde la tierra de donde proviene la claridad.
Y así va creciendo el amor a la complejidad.
La tierra por la tierra...
Publicado por Berenjena Voladora en 12:00
Etiquetas: Guacha se te zafó un tornillo., Proyecto de vegetal reflexivo.
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