juguemos a vivir

Soy una mentirosa incorregible, sí; lo acepto y reconozco casi con orgullo. Algún moralista me mandará a cagar, pero no me importa. Con toda la altura que este tema se merece, debido a sus implicaciones éticas universales, le contestaría con un simpático empacamiento, cruzando mis brazos y enseñándole la lengua que en esos momentos se va a poner en huelga de explicaciones.

Luego se me daría por utilizar una de las estrategias más humanas: justificarme. Pero como el pensar por mí misma es un ejercicio demasiado sacrificado, voy a pedir ayuda.
Según la Wikipedia una mentira “siempre oculta en forma parcial o total la realidad, es una declaración realizada por alguien que cree o sospecha que es falsa o parcial, esperando que los oyentes le crean” ya desde el vamos, es una tergiversación de la realidad. Pero lleva en sí la condición de la intención del mentiroso. Sabe que es una mentira y quiere que otros tomen por verdad su juego totalmente conciente. Y aquí aparece la palabrita mágica: un juego. La mentira es parte de un juego ¿y por qué lo es? Porque el juego –en las palabras de D. Winnicott- es el espacio intermedio entre la realidad y la fantasía. Es el “hacer de cuenta”, “hacer como”, “pensar que creo que”...
porque el mentir también es el arte de simular o fingir. Arte que uno vive día a día, que se refleja desde que uno se despierta y piensa en lo que hará en los próximos minutos, en lo que come, en lo que compra, en lo que habla, en lo que respira, en lo que sueña y proyecta. Que está en cada pequeño detalle, en cada conversación, en cada relación. Modificamos al mundo aún sin tocarlo en su cruda y neta Verdad, lo pulimos o lo destruimos, pero siempre desde una única posibilidad: uno mismo. Con las creencias, con los miedos, los sentimientos, cogniciones y biología. Esta es la realidad de la subjetividad, ni axiomática ni total ni estática. Es un particular que se persigue, aunque no sea real, aunque solo pueda existir mientas se crea en ello, es una proto-realidad, una cuasi mentira singularmente propia y única que busca dar escondite a la última gran Incógnita. Que –al decir de Unamuno- se crea y re-crea a medida que avanzamos en el camino.
El proyecto vital y el arte son las mentiras más sublimes de la humanidad. Flaubert jugará con la posibilidad de que el arte es de todas las mentiras, la más sincera, yo quisiera aplicarlo también a la forma en que construímos el mundo y damos continuidad a nuestros pasos en la tierra, es que, a fin de cuentas, ambos están inundados de subjetividad.

Es un invento que desemboca en lo desconocido (pero que quiere divertirse jugando a que se ha escondido de esto Último), y el más hermoso que me han asignado la responsabilidad de crear (para mí y para otros), ese!, es el mejor regalo que puedo tener.

(Shhh!!!tecleen bajo y no me delaten!!! Jamás me olvido con quién estoy jugando a las escondidas.)

Quiero seguir jugando y ser una mentirosa más.