El sonido del silencio

La tonalidad del silencio es extraña. Me resquebraría el alma en el insonoro sonorismo que aún no logro entender, es que si acaso el silencio es tal ¿como sé que es él cuando puedo escucharlo? Me tima la razón el juego alegre de la sintaxis humanoide, ya que a veces me pregunto si el sordo, tal vez no conoce el silencio ¿porque jamás escuchó el sonido?.



Nací en la literalidad del verbo. Si tenía hambre, significaba hambre. Si tenía sed, significaba sed. Ausencia y necesidad nacen juntas esperando el rayo del amor de Gea, que abrirá las dulces yagas del símbolo: el despegue de la palabra que es más que palabra se ha dado en la unión de aquello que antaño era separado. El juego de la polémica convención de la representación que puede significar o no significar lo que se ve o lo que no se ve. Y ahí estoy yo, tratando de develar cuando el significado de las palabras pertenecen a todos, o sobretodo, cuando quiero intencionalmente que se aberenjenen. Y ahí estoy yo, donde cruzo la línea que mi cerebro de verdura inventa para teclear algo, que puede ser o no ser. Y ahí estoy yo, abusando de las palabras y enmascarando la mentira, o la verdad, o el chiste, o a veces la Nada, la misma Nada, que siendo nada queremos buscar que exista para llenarla y reinventarla como nuestro motor, como queremos buscar creer en el silencio, mientras intentamos taparlo, cuando en realidad siempre es sonoro.


Y aunque no entienda su significado –el berenjenístico y el de todos- la mayoría de las veces, me gusta su tonalidad.


P.d: la falta de sueño pronunciada durante un importante tiempo, puede generar síntomas que van desde delirios (tales como escuchar cosas o inventar mundos propios) hasta dificultad en la capacidad de razonamiento, falta de coordinación y confusión. Estas pudieron comprobarse leyendo más arriba.