Nuestra redacción quiere ponerse al día en cuanto al uso y conocimiento del lenguaje. Por lo que en estos momentos está aprendiendo una gran lección: las palabras pueden ser extremadamente peligrosas, ¡malas! ¡malas! ¡malas! y podridas.
Como no podía ser de otra manera, siempre del lado del proceder abiertamente sabio y cultural, apoyamos esta posición (por dar solo un ejemplo, nótese la peligrosidad de la utilización de las últimas tres palabras anteriores al paréntesis).
Es que sí, ellas siempre te están sugiriendo cosas. Algunas son unas tontas inocentes, pero mirá que las hay de las otras ¡eh!, de “esas” que te terminan llevando por el mal camino, y después... después ¡ja! Ya no volvés a ser el mismo ¡sí! ¡vos mismo! Inadaptado verbalizador de bosta.
Te proponemos dejar de ser un total asco hispanoparlante con estos pequeños consejitos para limpiar el pozo negro que llevas en tu conducto buco-faringeo:
1. No seas soez y reemplazá a “la innombrable” (una medida inteligente es hacer de cuenta que la palabra peligrosa no existe) con una carismática definición que deleitará a todos los que te escuchen:
“¡Oh! Tengo el agrado de comunicarte que tu coeficiente intelectual se encuentra a la par del aparato reproductor de una camada de hámsters convertidos al onanismo después de conocer a la raíz en ebullición de tu sangre, la liberal, mamífera- y siempre muy cariñosa con toooooooooooooooodos y sin distinción- criatura femenina que te engendró”
Vemos así, como las palabras malas, malas, se suprimen. ¡Respiremos! Ahora nos podemos quedar tranquilos. De esta forma ingresamos al mundo del lenguaje maduro, culto, no agresivo. Estamos seguros que, utilizando estas palabras y unos cuidados y delicados modos (sonrisa al hablar y tono melodioso) las relaciones entre los enfrentados tendrán el nivel propio de una especie superior ¡sí! ¡como la nuestra!. Que sabe gracias a su profunda inteligencia que las palabras de mal gusto incentivan el pensamiento vulgar y que lo refinado es solo para mentes refinadas.
2. Una vez entendido lo anterior, sería aconsejable que comiences a practicar metáforas para aumentar el grado de complejidad y Belleza.
“¿Te sirvo un apetitoso plato de esta ave cuya carne de exportación es una de las más jugosas que puedas probar?
“Pienso que te haría bien un relajante viaje hacia algún bello sitio selvático, perfumado con aires de mar y almejas rebosantes de color”
“¿Por qué no me tanteás el picaporte?”
La Belleza está en la fineza, siempre en ella, en su cuidado, en LA forma, con eso ya tenemos un 98,3520045587445544411225540% de comportamiento elegante, superior y distinguido. No, definitivamente no vas a ser igual que el resto, te vas a salvar del peligroso y mal camino (lleno de perversiones, obscenidades e imágenes de mal gusto). ¡No vas a decir “PUTO”! sino que vas a sonreír con ternura mientras que melodiosamente intercambiarás con afabilidad un “creo que esa manguera se ubica en la maceta equivocada”.

